dilluns, 21 de setembre del 2009

2 Historias


El duelo más grande de todos los tiempos

Aunque, a mis 25 años, aún pueda considerarme una persona "joven", está claro que hace tiempo que dejé atrás la adolescencia. Y es que 25 años dan para mucho, durante mi vida he podido presenciar varios acontecimientos históricos, desde las olimpiadas de Barcelona al 11-m, o la muerte de grandes personalidades, tales como Dalí, Menuhin, Cela, o, más recientemente, El Fary.

Pero el acontecimiento al que quiero hacer referencia fue antes de todo esto.

En el año 87 yo apenas contaba con cinco años y mi única aspiración era asimilar todos los datos que este mundo aún nuevo y extraño pudiera brindarme; con ellos intentaba desde ya aprender a distinguir lo que estaba bien de lo que estaba mal.
Entre todo este pandemónium de conocimientos que se me abalanzaban sobre mí sin orden alguno y que en ocasiones llegaba a abrumarme hubo un hecho que me llamó la atención. Bueno, evidentemente no lo percibí por mí mismo, mi madre tuvo que ayudarme. A esa edad, para todos nosotros nuestra madre es Dios y nuestra principal ventana al mundo exterior: Pues bien, ella me habló de la contienda que en esas fechas se estaba celebrando. Un duelo de repercusión mundial se estaba celebrando cerca, muy cerca, en Sevilla, y la igualdad entre los combatientes era tal, su rivalidad era tan feroz que había llamado la atención incluso de los que hasta la fecha desconocían que este noble deporte estuviera considerado como tal.

Frente a frente, dos maestros.

Dos reyes.

Y una sola corona.

Garry Kaspárov: Nacido en Bakú, Azerbayan (sí, sí, como Rostropovitch), 24 años, el joven e insolente campeón, buscando prolongar su tiránico reinado.

Anatoli Karpov: Ruso, aspirante, ex-campeón, buscando recuperar su trono contra el mismo que osó arrebatárselo tras dos intentos (Por causas aún desconocidas, el primero fue declarado nulo por el presidente de la federación, favoreciendo al entonces campeón).

El nuevo reglamento decretaba que el límite estaría en 24 combates. Si después de éstos había un empate a puntos (la victoria se premiaba con un punto, en caso de empate se daba medio punto a cada uno de los jugadores), el campeón, por norma, continuaría como tal.

Después de meses de lucha, el penúltimo acto acabó en victoria del aspirante, que hizo uso de su mayor concentración para batir a su eterno rival y amigo. La expectación era máxima, el pabellón abarrotado, un numeroso grupo de personalidades de la localidad sevillana, ante la importancia del evento, no quisieron perderse el final y se cuidaron bien de reservar un buen asiento para presenciarlo, nadie quería perder detalle, incluso se retransmitió en abierto para toda España, hecho inaudito en un deporte que despierta tan poca expectación.

Un empate bastaba a Karpov en la última partida para volver a estar en lo más alto! Los expertos analizaron la situación, el 12-11 para el de Zlatoist le daba todas las papeletas, es más, nunca ningún campeón lo fue tras una victoria, siempre consiguió el trofeo mediante las tablas.

Además, Kaspárov jugaba con negras...

A la espera de la última batalla, Sevilla se enorgullecía de ser el centro de atención del mundo entero, La Unión Soviética se enorgullecía de haber dado a luz a dos mentes tan prodigiosas, y yo me enorgullecía de poder ser testigo de tan espectacular y emotiva pelea, donde ambos estaban poniendo el alma para lograr ser proclamados campeones; sí, el ganador sería el mejor jugador del planeta, y quien sabe si también sería considerado como el mejor jugador de todos los tiempos.

¡¡GANÓ KASPÁROV!!

¡¡12 a 12!! Contra todo pronóstico y haciendo uso de todo su genio, el Ogro de Bakú revalidó el título. El público, consciente de que han presenciado un duelo para la historia aplaude enloquecido a los dos maestros, los dos se lo merecen, nadie piensa que hay un ganador y un perdedor, ambos son vitoreados.

Mientras, éstos permanecen callados, impertérritos, analizando la jugada final.
La viga en el ojo ajeno
Todos nosotros tenemos sueños, quizá algunos son más ambiciosos que otros, pero todos tenemos el nuestro al fin y al cabo.
Imaginaos pues a alguien que lo logra, a alguien que consigue aquello por lo que tanto luchó durante toda su vida, ha llegado a la cima, tiene el reconocimiento del mundo entero y sabe que se ha ganado un sitio en la historia.
Pero esa persona aún es joven.
Vosotros qué haríais? Un buen día os despertáis, sabiendo que aún tenéis toda la vida por delante, y os dais cuenta de que no tenéis objetivos...
Supongo que eso fue lo que le pasó a Kaspárov, sencillamente hubo un momento en el que se preguntó "Y ahora qué?" En realidad la opción es sencilla, no tiene sentido refugiarse en uno mismo y vivir de los buenos recuerdos, hay que buscar nuevos retos.
Y va el tío y se mete en política, es decir, deja una batalla para librar otra, pero otra muy distinta. Sí, también hace falta ingenio y valor, pero esta vez la cosa es mucho más peligrosa que mover fichas por un tablero, esta vez lo que se está jugando no es un título de maestro, sino la vida.
A ver, yo lo que espero al escribir mis cosas es que vosotros penséis "Vaya, es cierto", sonriáis y mostréis un pequeño asentimiento de cabeza. Y eso sólo se consigue diciendo verdades universales e irrebatibles, como que dos y dos son cuatro. Pero ahora voy a ser parcial, sí, me voy a posicionar a favor de uno y en contra de otro. Por qué? Pues porque, al contrario de lo que afirma el refrán, es más fácil ver la viga en el ojo ajeno,porque desde fuera es obvio que Putin es un jodido asesino pero en cambio desde dentro los mismos rusos siguen votándole. Por eso.
Por lo menos alguna voz disidente sí que hay, aunque se considere delito y se castigue con la cárcel. Yo no he estado aún allí, pero me imagino que no debe de ser muy agradable, sobretodo si crees que es injusto, sobretodo si te meten ahí sólo por defender tus ideales. Eso es lo que le pasó a Kaspárov, entre rejas por la osadía de contradecir al régimen
Por eso:
27/11/2007 MOSCÚ (Reuters) - Las autoridades penitenciarias rusas impidieron al gran maestro Anatoly Karpov visitar a su viejo rival sobre el tablero de ajedrez Garry Kaspárov, detenido por manifestarse en contra del Kremlin, para ofrecerle su apoyo moral, informó el martes un asistente de Kaspárov.
O sea que allí podría haberse celebrado el más emotivo de los encuentros entre los dos campeones anteriormente citados, esta vez no hubiera habido duelo, qué coño, lo de antes era sólo un maldito juego!! Pero esto es el mundo real, aquí y ahora, y la intención es lo que cuenta, el gesto de Karpov le honra. Atrás quedan los viejos tiempos de partidas inolvidables, y estúpidos los que creyeron que sólo porque eran rivales al ajedrez estaban también enemistados. De hecho fue al contrario, eso les unió, les hizo leyenda, Kaspárov no se entiende sin Karpov y al revés. Cada uno de ellos le debe mucho al otro, y la gente les recordará, pero cabría preguntarse si es más lógico hacerlo por aquel ya lejano 1987 o por ese otro momento en que uno tendió una mano amiga al otro.

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