Ya veo que os han gustado las historias escritas en primera persona, ahí va otra:
Entré en el metro a eso de la una de la mañana con un mono de nicotina que no me dejaba vivir, así que se me ocurrió pedir un cigarrillo.
-Ven, siéntate-, me dijo el chico. Debería tener unos dieciséis, diecisiete.-Me prestas cinco euros?
-No, tío. No te los presto. Los necesito para mí.
-Dame cinco euros, man. O mi colega te rompe la cara.
Os pongo en situación? Dos chavales sudamericanos, peruanos para más señas, vestidos al estilo latin king y sin edad para afeitarse me estaban conminando a que les diera todo lo que llevaba. Era el principio del la línea 4 así que el vagón estaba vacío. El que estaba sentado a mi lado llevaba gorra y un chándal un par de tallas más grande. A ése le llamaremos A. El que estaba de pie agarrándose a la barra del vagón, con chándal del Barça y pelo engominado hacia atrás será B.
Bien, qué haría Rubén en mi lugar? Probablemente les arrearía una somanta que se arrepentirían de haber nacido. Pero yo no soy Rubén.
Qué haría Niko en mi lugar? Saldría corriendo hasta que el corazón se le saliera por la boca.
Pero no soy buen corredor y además estaba en un vagón de metro.
"Además, que aún no me hayan sacado una navaja no significa que no la lleven. No tengo más remedio que intentar caerles bien."
-No puedo daros los cinco euros.
-Qué llevas en la bolsa?
-Un libro, cuerdas para el violín..
-En el otro bolsillo!
-La cartera -. De qué me servía mentir?
-Cuánto llevas?
-....cinco euros.
Si les decía que no tenía nada no sonaría muy creíble. Por otra parte, quién va por la vida con sólo cinco euros? Lo más probable es que tuviera más, como en efecto así era.
-No puedo dártelos porque no son tuyos. Y yo he tenido que trabajar mucho para ganármelos. Por qué no robáis a los ricos? Si fuerais a Pedralbes incluso yo estaría dispuesto a acompañaros.
A:-Son sólo cinco euros. Qué problema tienes? no es tanto dinero. A mí también alguna vez me los han pedido.
-No me lo creo. A ti nadie te vacila -.En esos momentos me pareció adecuado hacerle un poco la rosca.
-Pues no. Porque si alguien se atreve a hacerlo le pego tres puñás.
B:-Viste ese vídeo en el cual uno pegó una patá a una chica inmigrante que estaba sentada? Eso es lo que te va a pasar a ti, a nosotros nos da igual que haya cámaras.
-Si, vi ese vídeo. Se divulgó mucho en su día. Oye, si me pegas no voy a responder. Odio la violencia. Sería como pegar a un saco de arena.
A:-Tira los cinco euros. Aquí, enfrente mío, y no te haremos nada.
-No, no os los voy a dar. Me podéis pegar la tunda de mi vida si queréis, pero os quedaréis sin los cinco euros. Esperad que me quite las gafas.
A:-Es que no ves sin gafas?
Por primera vez me preocupé de veras. Si me robaban o me rompían las gafas no tenía un par de repuesto, tendría que andar ciego hasta que me hicieran otras. Por no hablar de lo que costarían. De todas maneras en ningún momento temí por mi vida, no quiero haceros creer que la situación era más peligrosa de lo que realmente era, de la misma manera que en ningún momento me mostré dispuesto a darles lo que me pedían. Qué pasaría si sacaba la cartera y me la arrebataban? Aparte de quedarse con el dinero se quedarían con el dni y las llaves, debería cambiar la cerradura de mi casa.
B:-Voy a contar hasta tres, y luego te daré una patada en toda la boca. Uno, dos...
-No, hombre, no! No lo hagas, te aseguro que no hace falta-. Pero mi voz no era una súplica, pues sabía que aparentar miedo no me ayudaría, más bien sonaba como si le estuviera pidiendo un favor.
Ya no me cabía duda del impacto que me iba a llevar, así que tranquilamente me quité las gafas y las puse en mi regazo. Y entonces, la fortuna me sonrió:
A:-Qué ocurre ahí?- dijo, señalando el tren del carril opuesto.
Bendita casualidad! Los dos metros se habían parado al mismo tiempo y justo en la ventana opuesta había un grupo de pelados. Sin pensarlo, A y B se lanzaron a increparlos, aunque era evidente que no les oían. Podría haber aprovechado para salir corriendo por la puerta abierta. Hubieran salido detrás mío y me hubieran apaleado. O no. No quería correr riesgos inútiles. Así que decidí tomar partido.
-Chicos, yo también estoy en contra de esa gente. Mis padres también fueron inmigrantes ilegales. También se tuvieron que romper la espalda para obtener papeles para ellos y para mí. Pero no andaban por el metro asustando a quien no puede defenderse.
A:-Claro que sí, man, chócala.
La choqué.
A:-Pero si todo esto es una broma de cámara oculta, mira allí, mañana lo veremos en -no sé qué programa de la tele sudaca me dijo- y nos reíremos un rato.
"Ya. Cuéntame otra"
B pareció querer cambiar de táctica.
-Mira, te vendo esta cámara, veinte euros.
No es que por una cámara digital fuera una mala oferta además siempre había querido tener una pero, ¿A santo de qué me la vendía casi regalada? Todo comenzaba a adquirir un tinte grotesco. Además:
+No tenía garantía de que la jodida cámara funcionara.
+Me la daba sin cargador, era como venderme una botella vacía.
+Si le pagaba, tendría prueba de que llevaba más de lo que en realidad decía que tenía, y la idea de que me arrebataran la cartera aún era muy real.
-Quédatela, harás un mejor uso de ella que yo.
-Quince euros.
-No tengo quince euros.
A:-Anda, bájate si quieres.
Pero no era mi parada, y además iba a entrar un montón de gente, por lo cual si me quedaba en el vagón estaría relativamente a salvo. Ellos lo sabían, así que se bajaron ellos.
"Estaban demasiado seguros de sí mismos para ser la primera vez que hacían algo así. Pero mírame, estoy ileso y todas mis pertenencias continúan conmigo. He vencido. Y sin violencia alguna."
No acostumbra a suceder a menudo en este mundo en el que vivimos, pero a veces, sólo a veces, la pluma sí es más poderosa que la espada.
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